08/06/2021 16:24 - Opinin

Los tiempos estn cambiando

En las elecciones de medio trmino confluyen varios desafos simultneos, pero de distinto signo. De ah el ttulo de este artculo publicado en la Revista Movimiento por Ernesto Villanueva. En un momento de crisis delos esquemas liberales predominantes en Brasil, Colombia y Chile, se requiere de un esfuerzo mayor y una orientacin ms clara para dar vuelta la pgina y retomar un camino de autonoma y justicia social.

Ernesto Villanueva

Por Ernesto Villanueva

El contexto mundial y latinoamericano


Con motivo de los cien das de gobierno, el presidente de los Estados Unidos critic la teora del derrame y a Wall Street, elogi a la clase media y los sindicatos, y propuso quela economa de ese pas deba resurgir desde abajo hacia arriba. Ignoramos si estos anuncios ya acompaan su poltica econmica y, menos an, si en el plano mundial tambin est pensando en los mismos trminos, lo que sera un autntico cambio para el resto del globo, en particular para las naciones que, como la nuestra, orbitan alrededor del imperioamericano.

Mientras tanto, China avanza con prisa y sin pausa. Prcticamente, su PBI no retrocedi con la pandemia, mostr una disciplina interna que envidia el resto de la humanidad, y un despliegue de propuestas internacionales atractivas, tanto para pases perifricos como centrales.

A la vez, nuestro continente muestra signos de convulsiones sociales fortsimas. El retorno de Lula, las insurrecciones populares en Chile y –en estos das– las movilizaciones colombianas contrastan con el triunfo del banquero ecuatoriano. El neoliberalismo muestra signos evidentes de fatiga. Se trata, pues, de un panorama del que es muy complejo deducir una direccin clara: la moneda est en el aire, parece decirnos la coyuntura.

Los rasgos de nuestro gobierno


Argentina, con un panorama ms pacfico, tiene sin embargo una piedra inmensa pendiendo de su cuello: la deuda. Es cierto que se negoci muy hbilmente con los acreedores privados, pero quedan an otras vallas a sortear que se llaman Club de Pars y Fondo Monetario. El establishment sabe que, si las resolvemos, los sectores dominantes nacionales quedarn librados a sus solas fuerzas, que no son tantas. Y de ah este forcejeo.

Estamos en un desfiladero, nosotros, pero tambin ellos. Al final, la luz o la oscuridad. Alberto Fernndez ha puesto toda su energa en la pandemia y en la deuda. Y ello descorazona a nuestra gente. Lo ve tibio, sin avanzar sobre nudos muy sentidos para todos, poco dispuesto a luchar all donde se nos hace frente -por ejemplo-, Vicentin. Para colmo, no podemos recurrir a la calle que, como siempre, es la garanta de los gobiernos populares. Entonces, corremos tras la voz publicada: que las diferencias entre un ministerio y otro, que activistas reaccionarios y golpistas que trabajan de jueces en el poder judicial impiden nuestra poltica, que si habl Cristina, que si no habl, que si Guzmn, etctera, etctera, terminan constituyndose en grandes temas, cuando en realidad no pasan de chimentos pasatistas.

Nuestro gobierno es combate a la pandemia, resolucin de la deuda y buscar el centro de la problemtica poltica, no la izquierda. Puede que a algunos de los votantes del Frente deTodos no les guste, pero para combatir hoy al neoliberalismo debemos arrinconarlos. Eso se hace, como nos deca el General, con todos y todas, no con los mejores y esclarecidos.

La cotidianeidad popular


La realidad de nuestro pueblo hoy pasa por sobrevivir. Mucho desempleo, planes gubernamentales generosos, rebusques, pequeo comercio en situacin desesperada, el tsunami de la pandemia de la que estamos todos cansados y que todava no domamos, los chicos y las chicas en la casa, un pas que se observa fracturado, con pocas luces, mostrando un camino de justicia social, de independencia econmica. Se vot contra Macri, es cierto. Eso est muy presente y pesar en las elecciones del ltimo trimestre, pero nosotros todava somos promesa, no realizacin. No tenemos viento en contra, sino un huracn desbocado, pero lo importante no es que lo comprenda el ncleo duro peronista de ley, sino la mayora de nuestro pueblo.

El centro y los ultras


Por suerte, tenemos a Bullrich y a Cornejo, que son nuestros principales aliados. Si es cierto que hoy nuestro pueblo tiene demandas muy modestas –vivir, comer–, las posiciones radicalizadas, por ms prensa que tengan, no salen de un crculo intenso pero pequeo. El nico logro que tienen –y a esto s hay que prestar atencin– es el grado de organizacin alcanzado por una posicin que siempre fue dispersa.

El nivel de coordinacin de los grupsculos autodenominados padres y madres de escuelas, con sus terminales partidarias perfectamente conocidas, es un claro ejemplo de lo que afirmo. Hay una posicin ultra, llenade odio, de respeto decreciente por las instituciones, bien organizada, alimentada por los medios y con un respaldo fuerte por los agitadores que medran en el poder judicial, que configuran un verdadero peligro para nuestro sistema democrtico, y que redoblarn sus tcticas cuando hayan sido derrotados en las urnas.

Virtudes de los retrgrados


Pero, a pesar de sus diferencias internas, en estas elecciones de medio trmino los reaccionarios no se dividirn. Es cierto que estn luchando por el liderazgo y por el perfil a mostrar. Pero las posiciones ultras dentro de su espacio han debilitado enormemente a Mileiy a Espert, por un lado y, por el otro no es necesario dividirse, porque se trata de elecciones legislativas. Debemos reconocer que ese logro –el de la unidad de los reaccionarios– ha sido mrito histrico del denostado Mauricio. El da que revirtamos ese xito, todo ser ms fcil para los sectores populares.

Hogar, dulce hogar


Y por casa cmo andamos? Pareciera que nuestra coalicin, que no ha sido solo electoral, como la de Cambiemos, sino tambin de gobierno, muestra signos de elasticidad muy ponderables, pero no totalmente suficientes para acumular poder creciente. Ms en claro: suficiente cintura para atenuar los golpes, pero poco punch para voltear al contrincante.

Es cierto que ellos detentan el poder econmico, el meditico y el ncleo durodel judicial. Y nosotros, apenas el Ejecutivo, el Senado y casi, casi, Diputados.

Nos faltan 5 para el peso. En realidad, 10. Tenemos que ganar diputados. Hay 119 gladiadores y necesitamos 129. Si lo logramos, ah s podremos quejarnos con razn si las cosas no salen.

Las tareas domsticas


La ms importante es recordar que no estamos solos, que somos un gobierno de coalicin, que slo en esa alianza tendremos fuerza suficiente para avanzar, que, en suma, el peronismo no lo es todo. Los ms viejitos recordarn esa consigna graciosa, que revelaba un trasfondo verdadero y lamentable: “ni sectarios ni excluyentes, Montoneros solamente”. Eslo que no hay que hacer. Somos mayora electoral, pero debemos construir una mayora ms poderosa, cuantitativa, organizativa e ideolgicamente. Falta mucho, por cierto, en este momento que estamos encerrados en nuestras casas.

Cuantitativamente


Debemos buscar alianzas, no demonizar a quienes estn algo distanciados y, sobretodo, saber que, en esta coyuntura, la inmensa mayora apenas busca sobrevivir y observa que todava nosotros no hemos logrado cumplirles. Explicar, explicar, explicar. Hacer proselitismo desde nuestro aislamiento. No enojarnos porque mucha gente tiene como nico abastecimiento poltico ideolgico a los medios hegemnicos.

Hacemos mucho, pero es insuficiente. Reconocer errores, sealar una y otra vez los 44.000 millones de dlares que nos sustrajeron. Redignificar nuestra Patria, que es una bandera hoy demasiado denigrada, como si furamos los peores del mundo. Sabemos que el primer escaln, y quiz el ms poderoso, es el de la dominacin cultural. De ah que la reivindicacin del Paran no es un capricho, sino una necesidad. Y ello es sobre todo vlido para los habitantes del litoral. Pero tambin la pesca depredadora en nuestras aguas territoriales, que no podemos controlar porfalta de una flota que nos defienda. Los pueblos dbiles siempre son objeto de saqueos desembozados o sofisticados. Pues bien, volver a poner sobre el tapete estos aspectos no slo son banderas de nuestro sector, sino que deben serlo de todas y todos los compatriotas

Organizativamente


La pandemia ha debilitado la trama social. Los amigos casi ni nos vemos, las familias tampoco. Imaginemos los efectos horribles que tiene sobre la organizacin popular. Triste, pero cierto. Estamos haciendo lo suficiente para mantenerla? Pensemos incluso que los adelantos tecnolgicos hacen que las relaciones polticas deban adquirir nuevas formas.

Estamos en Facebook, en Twitter, en TikTok? Apropiarnos de esas herramientas a fin deorganizar a nuestra gente es un imperativo. Fijmonos en los reaccionarios. Nos remos de los cacerolazos, de los bocinazos, etctera, pero lo cierto es que constituyen modos de relacionarse entre ellos mientras que nosotros, obedientes de las consignas gubernamentales, nos hemos quedado un tanto paralizados. Recordemos la movilizacin del 17 de octubre pasado. Ese acto paraliz a los macristas por ms de un mes. Nuestra prudencia es entendida como debilidad. De ah que encuentros virtuales y movilizaciones alrededor de algunas fechas o cuestiones constituyen un elemento central en el apoyo popular al gobierno, en la confianza en nosotros mismos y en marcar un derrotero de futuro.

Ideolgicamente


A mi juicio, este es el tema ms peliagudo por resolver. Tenemos nuestras tresbanderas. Cmo deben expresarse hoy? Hay varios nudos. El primero es la heterogeneidadsocial de nuestro pueblo, que es novedoso en trminos tericos. Antes estbamos con la clase obrera y denostbamos a la clase media. Gran error, por cierto. Pero hoy la cosa es ms difcil. Hay economa formal y economa informal. Hay clase obrera que tiene obras sociales y jubilacin, y una proporcin de nuestro pueblo sumergido. Hay clase media con sueldos misrrimos y clase media que vive en los countries. Cmo les hablamos a todos y a todas?Hemos elaborado un proyecto que las y los pueda convocar? Cul debe ser el peso del Estado y cul el de los privados? Podemos direccionar la inversin en funcin de intereses de creacin de empleo y de riqueza nacionales?

La temtica nacional se ha diluido muchsimo. Es correcto eso? Es posible hablar de justicia social –como lo hacemos todos los das– sin hablar de independencia econmica? Creo que las elecciones sern anteriores a dilucidar estos interrogantes, pero el proceso de revivificacin poltica ha de ser una buena ocasin para que avancemos en estas cuestiones, pues slo si sabemos adnde queremos ir, quiz lo logremos.



* Ernesto Villanueva es rector de la Universidad Nacional Arturo Jauretche.