26/10/2021 09:25 - anlisis

Si los virus contaran su historia

E. Ral Zaffaroni realiza un racconto por la larga historia de los virus que han afectado a la humanidad y afirma que si los microorganismos infecciosos pudiesen contar su historia y conceder premios equivalentes al Nobel, seguramente glorificaran a todos los colonizadores de los ltimos quinientos veintinueve aos e incluso un poco ms atrs.

Por E. Ral Zaffaroni*
(para La Tecl@ Ee)


Encuentro de dos mundos, Eduardo Alarcón.
Encuentro de dos mundos, Eduardo Alarcn.

Si los microorganismos infecciosos pudiesen contar su historia y conceder premios equivalentes al Nobel, seguramente glorificaran a todos los colonizadores de los ltimos quinientos veintinueve aos e incluso un poco ms atrs. Celebraran el 12 de octubre con campanas al vuelo, actos solemnes, bailes populares, discursos ampulosos y fuegos artificiales, porque a pesar de algunas faltas de cortesa menores, nadie ha hecho ms para facilitarles su expansin y permitirles generosamente su multiplicacin por toda la superficie del planeta.

La pandemia que ahora sorprende y angustia no es ms que otro momento de la expansin de estos diminutos protagonistas de la historia, tan callados, silenciosos, subestimados, olvidados, inadvertidos muchos hasta que el microscopio electrnico permiti detectarlos, pero siempre presentes, de la mano de todos los colonizadores desde que el mundo empez a ser mundo y a cometer genocidios como crmenes mundiales.

Si tuviesen la posibilidad de narrar su propia historia desde la perspectiva de su diminuta pero importantsima funcin protagnica, desde su cosmovisin valoraran el recorrido de sus andanzas por el planeta y, seguramente, comenzaran por relatar con legtimo orgullo cmo en tiempos de la revolucin mercantil, el comercio europeo con Oriente foment la inmigracin de sus Yesinia pestis hacia Europa poniendo a su disposicin increbles comodidades, equivalentes a asientos de primera en las divertidas pulgas saltarinas acomodadas en confortables ratas, contrastando con el mezquino muro de Trump con los humanos. Esto les posibilit alojarse en la poblacin europea, aunque sus alojamientos humanos fuesen algo dbiles, al punto que un tercio de ellos no los soport y colapsaron. Los virus odiaran a los gatos que empezaron a seguir a los humanos, molestndolos al privarlos de algunas de sus confortables ratas calentitas.

Pero igual les agradeceran a los europeos que hubiesen domesticado vacas, cabras, cerdos y dems animales, porque permitieron a otros microrganismos desarrollarse en alegres epizootias. Por supuesto se enfadaran un poco porque les fueron oponiendo los detestables anticuerpos que dificultaron la continuidad de su labor, pero de inmediato les debieran agradecer los inolvidables tiempos heroicos en que gentilmente los invitaron a acompaarlos en sus navos, poco seguros por cierto, algo endebles en medio de las olas marinas, pero de todos modos les fue muy agradable compartir la experiencia de atravesar el ocano e instalarse con singular empeo en unos humanos que, por fortuna carecan de esos antipticos y molestos anticuerpos.

Por cierto, estos nuevos hoteles humanos americanos les resultaron todava ms dbiles que los europeos, pues se les murieron casi todos. No es bueno quedarse sin casas de huspedes, pero a veces son las consecuencias de la gran demanda de alojamiento, cuyo exceso en demasa es peligroso, pero como nunca se debe intervenir en el mercado, el resultado es inevitable.

De todos modos, no podran dejar de recordar sus grandes fastos americanos, aquellas concentraciones multitudinarias de sus Variola virus, las comodidades con que se los reciba y albergaba generosamente, lo que tambin supieron retribuir como corresponda, porque los virus siempre son agradecidos y los colonizadores les debieran reconocer su decisiva ayuda en la toma de Tenochtitln, firmes aliados junto a Corts.

Lamentaran que todo eso hubiese acabado cuando siglos despus a Jenner se le ocurri comenzar a desalojarlos con la vacunacin. Antes haban empezado a molestarlos con la variolizacin, que era ms peligrosa y cara, pero festejaran que los propios mdicos se alzaron contra la vacunacin, porque les quitaba ese negocio. Recordaran con nostalgia las famosas ligas anti-vacunacin que se alzaron en su defensa en 1866, ciertamente renovadas en estos das. Seguramente los Variola virus celebraran que todo esto posterg la ejecucin de su orden de desalojo, igual que ahora.

Pero los microrganismos no dejaran de rememorar tampoco la generossima acogida que tuvieron en Amrica las Yesinia pestis de la propia peste bubnica –que no poda faltar-, pero tambin de otros ms que no podran dejar de registrar en su historia, dado que con toda felicidad produjeron las grandes fiestas del sarampin, la malaria, el clera, la fiebre tifoidea, la difteria y la escarlatina.

Seguramente nunca olvidaran el enorme campo de albergue que le brindaron a las bacterias Rickettsia prowazeckial del tifus exantemtico, que los mexicanos los llamaron cocolitzi. Sera para ellas inolvidable la enorme felicidad que experimentaron al acomodarse en los piojos de patitas tan hbiles y celebrar sus grandes concentraciones y, sobre todo, el imperecedero recuerdo que les habra dejado la llamada gran pestilencia mexicana de 1545, fasto memorable en su historia microscpica.

Las espiroquetas plidas, por su parte, nunca podran olvidar la enorme difusin que le facilitaron los colonizadores. Se reiran de que rechazasen entre ellos haberles dado origen, como si ellas necesitasen una nacionalidad y un pasaporte. Les divertira mucho relatar esos episodios y, si tuviesen mandbulas, correran el riesgo de descoyuntarlas de las risotadas al recordar que los franceses llamaban a sus andanzas mal italiano y los italianos mal francs, los portugueses enfermedad espaola y los japoneses portuguesa, los polacos alemana, los rusos polaca y los persas turca. Y cuando ya no pudieron seguir con este juego, quisieron hacer creer al mundo que eran americanas. Ellas americanas? Qu disparate divertido! Pero como nunca falta un aguafiestas, repudiaran a ese detestable inventor de la horrible cosa que llaman epidemiologa, el verons Girolamo Fracastoro, que en su Syphilis sive de morbo gallico les descubri sus juegos en la Europa civilizadora en el propio siglo de la llegada a nuestra Amrica.

Los microrganismos no olvidaran tampoco que los colonialistas no slo les permitieron acompaarlos en sus viajes norte-sur, sino que tambin fueron tan generosos y hospitalarios que les facilitaron importantes viajes interocenicos sur-sur a sus flavivirus, algo menos cmodos que en las pulgas saltarinas, pero siempre divertidos en los voltiles mosquitos Aedes aegypti llegados de frica, en esa cosa rara de los humanos que animalizan a otros humanos y llaman esclavitud. Pensaran que es una incoherencia llamar a sus andanzas fiebre amarilla, porque ni el flavivirus ni los mosquitos tienen ese color, puesto que en su vida microscpica nadie habl nunca del peligro amarillo, como hicieron los europeos contra los chinos, ni tampoco conocieron al PRO argentino.

Qu fiestas se hicieron en Amrica estos bichitos! Reafirmaran su gratitud hacia los colonizadores, asegurndoles que no tuvieron la menor intencin de arruinarles la primera tentativa de construccin del canal de Panam y menos an de desbaratarles los ejrcitos que hubiesen impedido la independencia de Hait. Aseguraran que nunca quisieron facilitar la primera independencia americana y menos todava la primera abolicin de la esclavitud; se disculparan advirtiendo que nunca faltan algunos indisciplinados sueltos que no respetan acuerdos ni agradecen favores. Por slida que sea una conduccin, a veces no se puede evitar que algunos incontrolables incurran en estas insurrecciones al mando.


De todas formas, los microrganismos no dejaran de observar que los europeos fueron bastante cobardes, porque tardaron mucho en meterse dentro de frica, privndolos por largo tiempo de ofrecerles alojamientos para desarrollar la fiebre amarilla y la malaria en hoteles blancos y, sobre todo, la enfermedad del sueo, lo que puso muy incmodos a los tripanosomas africanos, que tenan muchas ganas de alojarse en esos hoteles, porque los negros ya los resistan. No obstante, seguramente les agradeceran que les hubiesen permitido reacomodarse, facilitado sus viajes en las confortables moscas tse-tse por todo el continente, hasta hallar nuevos alojamientos cmodos en treinta y seis pases africanos.

Estos miedosos colonizadores apenas se animaron a proveerles de estas facilidades africanas cuando dispusieron de la quinina preventiva contra la malaria, aunque algunos dicen que lo que les dio seguridad para meterse en el centro del continente fue disponer de ametralladoras, lo que no les agradara demasiado a los virus porque era una forma desleal de destruccin masiva de alojamientos.

Tampoco estaran muy felices los microrganismos por la facilidad con que se conceden a algunos de ellos alojamientos animales. Algunos virus desalmados, siempre glotones desordenados y apresurados -como algunos neoliberales que trepan al poder poltico- aprovechan lo primero que se les ofrece a la mano, sin consideracin a sus congneres, se instalan en el ganado y celebran festivales de peste bovina, pero eso produce hambre que mata a los hoteles humanos que son los preferidos del resto, aunque tambin facilitan el alojamiento en las mujeres hambrientas que a falta de bueyes deben arrastrar los arados, pero la ventaja no es mucha, porque duran poco. Siempre hay desconsiderados, incluso en la vida microscpica, tipos que no tienen nocin de lo que es la solidaridad.

Tampoco les gustaran para nada la conducta igualmente desconsiderada de los potato leafroll virus de la papa, metindose con los vegetales, que a mediados del siglo XIX les privaron de un milln de alojamientos irlandeses que se murieron de hambre y otro milln que los ingleses se sacaron de encima mandndolos al exilio y arrasndoles las casas. Estas supresiones de hoteles humanos seran graves faltas de solidaridad en la vida microscpica, porque la tica infecciosa impone algunos principios elementales de respeto a los otros virus. ​

Las Yesinia pestis de la peste bubnica no fueron del todo bien tratados por todos los colonizadores y tendran algunas faltas que reclamarles, aunque no las hubiesen perjudicado demasiado. Recordaran por siempre la felicidad paradisaca del inmenso festival que hicieron por cuenta propia en China desde mediados del siglo XIX, aunque a medida que avanzaban a su paso fueron eliminando unos doce millones de hospedajes humanos, prdida de la que se rehicieron al extenderse a la India.

All les agradeceran a los colonizadores la ayuda que les brind la preparacin previa del terreno al destruir la economa tradicional y los sistemas hidrulicos porque, aunque el hambre que produjeron y la falta de toda asistencia alimentaria por parte de los colonizadores -que exportaban el cereal que los indios necesitaban para no morirse- si bien los privaron de nueve millones de alojamientos, dejaron a los sobrevivientes ms fcilmente accesibles a su instalacin, aunque con el inconveniente de que duraban poco, pues se les desbarataron unos doce millones que no aguantaron la ocupacin del virus. Una verdadera pena, una prdida considerable, porque entre el hambre y el virus se perdieron ms de vente millones de posibilidades de expansin virsica.

Obra: Pedro Martínez Marín
Obra: Pedro Martnez Marn

En balance lo lamentaran como un desperdicio, es decir que ni los microrganismos les quedaran del todo agradecidos a esta etapa neocolonial. Para colmo, no fueron lo suficientemente diligentes en controlar a sus empleados dscolos que pretendieron tomar medidas drsticas contra ellos, quebrando la regla de solidaridad con los aliados, lo que demuestra que el colonialismo nunca es agradecido, ni siquiera con los virus, y mucho menos con sus colaboracionistas en los pases colonizados, a quienes a la hora en que se deben marchar los dejan colgados del pincel, como cuando les soltaron la mano a los vietnamitas del sur y a los harkis argelinos.

Aunque haya sido un gesto sin consecuencias graves para ellos, los virus consideraran una descortesa que en 1897, en plena hambruna india -hasta con mltiples casos de antropofagia- los colonizadores permitieron que un funcionario colonial llamado Walter Charles Rand secuestrase e hiciese desaparecer a sus alojamientos humanos, sin que nadie supiera ms de ellos, que desalojase y quemase sus viviendas, privando de refugio a las lindas ratitas en que viajaban ellos con comodidad, hasta lleg a demolerles las casas, medidas de extrema agresin injustificada para los microrganismos que tantos servicios les haban prestado. Y lo dejaron actuar a Rand hasta que los hermanos Chopekar lo mataron junto a su diligente asistente. Para colmo, despus los colonizadores mataron a los hermanos Chopekar, otra desconsideracin incalificable para los microrganismos por parte del virrey Curzon, que no era capaz de reparar en esas descortesas, seguramente distrado en la construccin del suntuoso palacio en Calcuta, en digno homenaje al aniversario de la reina Victoria.

Podramos seguir, pero la historia de los virus sera demasiado larga, ocupara muchos tomos en registrar los relatos de innumerables virus memoriosos, quiz algunos hubiesen dejado escritas sus memorias relatando cosos interesantes. Ocupara un grueso tomo slo el enorme aporte a la civilizacin microscpica del primer round de la guerra de treinta aos entre las potencias neocoloniales del norte, que dio lugar al festejo mundial hasta entonces sin precedentes del virus subtipo H1N1, que a partir de 1918 logr desarmar entre unos cuarenta y sesenta millones de albergues humanos con el nombre de gripe espaola yque, para no perder la costumbre, tambin intentaron cargrselo a los chinos. No por la magnitud de esa enorme contribucin, las bacterias Clostridium tetani dejaran de agradecer los beneficios recibidos en esa guerra y, con mayor razn an, en su precedente franco-prusiano de 1870.

As, pasando por toda la produccin de virus de las ltimas dcadas, que stos agradeceran a los humanos, desmintiendo que sean aportes de otros animales (aves, cerdos, monos, etc.), su relato llegara hasta el presente, donde alegremente resaltaran su profundo y sincero agradecimiento a la actual etapa colonial tarda. Se reiran tambin con ganas de las ideas del llamado neoliberalismo, pero a la delincuencia financiera que ese pobre discurso trata de legitimar con su adoracin idoltrica al mercado, le agradeceran la competencia despiadada entre las corporaciones de laboratorios, a los polticos que se lanzaron a la cancha con la camiseta de alguna de esas transnacionales, celebraran alegremente que algunos pases hubiesen acaparado vacunas y que todo eso deje a los ms pobres e incluso a algn continente casi sin vacunacin o la retarde demasiado, porque les da tiempo de circulacin para que puedan obtener nuevas reservas de alojamiento en hoteles humanos llamadas mutaciones.

A los virus no les pasara por alto la importante contribucin benfica de las nada nuevas campaas anti-vacunas ni las fake news de los partidos polticos nicos de medios del sur que desconcertaron y asustaron a buena parte de los candidatos a inmunizarse. Tampoco dejaran de consignar su profundo reconocimiento a alguna Corte Suprema que ignor y despreci con gesto de fastidio esa falsa ciencia horrible y bochornosa que los humanos llaman epidemiologa. No omitiran tampoco destacar la noble actitud hacia ellos de quienes desde la cspide del poder invitaron a tomar lavandina o alguna otra bebida parecida y tampoco, aunque en medida mucho ms modesta, a alguna no muy buena actriz hiperactiva disfrazada de periodista que la bebi ante las cmaras de televisin.

Estamos firmemente convencidos de todos estos reconocimientos, porque con toda seguridad los virus historiadores seran ms coherentes que muchos humanos, pues con toda lgica la verificacin del xito de sus protagonismos los impulsara a cultivar y reforzar los sagrados principios de su fuerte tica infecciosa.

Buenos Aires, 22 de octubre de 2021.

*Profesor Emrito de la UBA.